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Tampoco es tan fácil
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Miércoles 2 de Septiembre de 2009
Por Consuelo Aldunate
Dar por resueltos los misterios de la mente masculina es, sin duda, equivocarse por todos lados. Mi recién descubierto romanticismo me tenía convencida de que mientras yo me portara bien con el hijo del Bueno, y le diera todo el espacio del mundo para que fuera el mejor padre del planeta, él estaría feliz. Pero obvio que a los hombres no se les descifra así de fácil.
Mi táctica de darle espacio al sujeto redundó en que al parecer, me hice innecesaria. Su hijo se quedó todo el fin de semana, y por más señas y ojitos que le hice no entendió mi invitación a compartir con los adultos. Romanticismo, las pailas.
Por fin llegaron los días de semana. Lo llamé el lunes, y me encuentro con que estaba en un mall, de nuevo con el hijo, porque lo llevó al médico. Promete llamar cuando se desocupe. De más está decir que pasó la hora y nunca se comunicó.
Día siguiente, despierto y me encuentro con que mandó un mensaje como a las 2 AM, con una disculpa bien básica: "Sorry, se me pasó la hora". Obvio que no fue una buena manera de comenzar el día. Decidí ignorarlo todo el día, pero la verdad es que recién me dio opción tipo ocho de la noche, cuando me llamó para decirme que nos juntáramos en el bar del W, porque quería presentarme a un amigo de la universidad que vive en Buenos Aires y que estaba acá por un par de días.
Yo decido demostrar mi molestia y le digo que no tengo tiempo, que hablemos el jueves para ver si nos coordinamos. Y él, en vez de preguntarme si pasa algo, me dice "bueno amorcito, besos, te llamo mañana a ver si coordinamos un desayuno".
Corto sin responder. ¡No entiende nada! Llego a la casa, abro una botella de champaña porque se sube rápido a la cabeza. Logro dormirme para despertar a las 3 am, con sed, rabia y pena.
Día siguiente, llego al trabajo para encontrarme con otro de sus mails sensibleros, diciendo que le encanta esta nueva etapa más madura de nuestra relación, donde se siente libre y querido, y que nunca esperó encontrar en mí este tipo de amor más "de grande".
"Siempre pensé que eras más niña, más posesiva, menos generosa... me has sorprendido con tu postura en que entregas más de lo que yo te pido". Yeah, right: le entrego desprecio, y él lo toma como amor. Claramente, no estamos haciendo clic.
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